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Un semanario socialista publicado en defensa de los intereses del pueblo trabajador
Vol. 81/No. 44      27 de noviembre de 2017

 

ÍNDICE DEL MILITANTE

1980-2017
Disponible aquí
(artículo principal)

Crece rivalidad entre Irán y Arabia Saudita

Mustafa Abdi
Protesta en Bruselas el 25 de octubre contra ataque a Kirkuk y región kurda. Después que kurdos votaron por la independencia, Washington permitió que ejército iraquí y milicias de Teherán usaran armas proveídas por Washington en ataque contra fuerzas kurdas.
POR BRIAN WILLIAMS
Con la derrota del Estado Islámico en todas las ciudades salvo en unas a lo largo de la frontera entre Iraq y Siria, Washington y los rivales regímenes capitalistas en la región están dirigiendo su atención hacia nuevos conflictos y batallas que están determinando la política en el Medio Oriente.

Los gobernantes iraníes han aprovechado la guerra contra el Estado Islámico para avanzar en el establecimiento de una ruta terrestre desde la frontera con Afganistán, a través de Irán, Iraq y Siria, a las áreas controladas por Hezbolá en Líbano, el mar Mediterráneo y cerca de la frontera con Israel.

Para lograrlo, Teherán ha desplegado fuerzas militares del Hezbolá de Líbano y milicias chiitas de Iraq, cuyos lideres son fieles a la Guardia Revolucionaria iraní. Estas fuerzas, junto con las de Moscú, han ayudado a aplastar la lucha por derechos y espacio político en Siria iniciada en 2011 con masivas protestas, garantizando el dominio dictatorial de Bashar al-Assad.

Teherán también ha incrementado su control sobre el gobierno mayoritario chiita en Iraq. Fuerzas apoyadas por Teherán han dirigido ataques recientes contra las fuerzas peshmerga del Gobierno Regional Kurdo, apoderándose de Kirkuk y otros territorios en el norte de Iraq tras el referéndum de independencia kurdo del 25 de septiembre en esa región.

El gobierno de Arabia Saudita, el principal rival de Teherán en la región, está respondiendo tratando de fortalecer su posición política y militar en alianza con otros regímenes árabes burgueses. El dominio monárquico de décadas de la familia al-Saud ha retrasado el desarrollo capitalista, manteniendo al reino dependiente de sus masivas reservas petroleras.

El príncipe heredero Mohammed bin Salman está encabezando esfuerzos para reformar la monarquía. Comenzó una serie de purgas el 5 de noviembre, arrestando a altos miembros de la familia gobernante y magnates. Ordenó el arresto de 11 príncipes y más de tres decenas de antiguos y actuales ministros bajo alegatos de “corrupción”. Esto incluye al multimillonario príncipe Alwaleed bin Talal y a Miteb bin Abdullah, ministro y ex jefe de la Guardia Nacional de Arabia Saudita.

El príncipe Mohammed también está frenando el poder de la jerarquía religiosa sunita Wahabí, y se supediten al régimen capitalista.

Bajo la rúbrica de la “Visión Saudí para el 2030” el régimen esta destinando miles de millones de dólares para la construcción de zonas industriales, centros tecnológicos, nuevas ciudades y complejos y atracciones turísticas.

El príncipe Mohammed, cuyo padre pasó a ser rey en 2015, ha tomado el control de las operaciones militares de la guardia nacional e inteligencia, y ha despojado a la policía religiosa de sus poderes de arresto.

En septiembre, el rey Salman anunció pasos para introducir relaciones sociales burguesas más modernas, levantando las restricciones al derecho de las mujeres a conducir y asistir a eventos deportivos públicos. El príncipe Mohammed ha llamado desde entonces a la “mezcla de los géneros” y a que se permita la música en eventos públicos. El gobierno ha arrestado a clérigos y otras figuras que se oponen a estos cambios.

La gran mayoría de la clase trabajadora en Arabia Saudita está compuesta de trabajadores inmigrantes. Su ejército, aunque grande y bien armado, ha sido incapaz —aun con el respaldo de los bombarderos estadounidenses— de contener la rebelión de una fuerza houthi menor, respaldada por Teherán, en Yemen.

Más guerras, inestabilidad
La guerra en Yemen está devastando a los trabajadores allí. Miles de civiles han muerto, incluyendo muchos como resultado de los ataques aéreos de Estados Unidos y Arabia Saudita.

Rebeldes houthi en Yemen dispararon un misil balístico el 4 de noviembre que alcanzó las inmediaciones de la capital de Arabia Saudita antes de ser derribado. El ministro de asuntos exteriores saudí Adel Jubair calificó el ataque como un “acto de guerra” de Teherán.

Para financiar conflictos más profundos en la región, los gobernantes saudís están planeando vender acciones en la Saudi Arabian Oil Co., el productor de petróleo más grande del mundo. El presidente Donald Trump instó a los saudís a que vendan acciones, cuyo valor se estima en los 100 mil millones de dólares, en la bolsa de valores de Nueva York.

El 4 de noviembre, en un discurso televisado desde Riad, la capital saudí, el primer ministro libanés, Saad al-Hariri, anunció su renuncia, diciendo que creía que su vida corría peligro dada la creciente fuerza de la milicia chiita de Hezbolá. A través de Hezbolá, Irán ha creado “un estado dentro de un estado” en Líbano, dijo.

“Trataremos al gobierno de Líbano como uno que nos está declarando la guerra” dijo a la prensa Thamer al-Sabhan, ministro de estado de Arabia Saudita para asuntos del golfo pérsico.

Washington, por mucho la potencia imperialista más fuerte del mundo, con grandes bases militares en todo el Medio Oriente, ahora confronta a un Teherán envalentonado y el surgimiento de Moscú como una fuerza en el área. Moscú, y especialmente Beijin, se están convirtiendo en competidores capitalistas cada vez más significativos en Asia, África y el Medio Oriente.

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