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Vol. 82/No. 20       21 de mayo de 2018

 
(portada)

Nicaragua: Protestan contra reforma de
pensiones, censura

 
POR SETH GALINSKY
Después de cinco días de protestas de decenas de miles de estudiantes, trabajadores y otras personas por todo el país, el presidente de Nicaragua Daniel Ortega revocó su directiva del 16 de abril para aumentar las aportaciones deducidas del salario de los trabajadores y aportes de los empleadores al Seguro Social y reducir las pensiones.

Las protestas continuaron aún después de la derogación de estas medidas antiobreras, condenando la muerte de alrededor de 40 manifestantes. Los dirigentes de la protesta dicen que la mayoría murieron a manos de la policía o por matones progubernamentales. Dos policías resultaron muertos durante los enfrentamientos. Ortega también desplegó soldados alrededor de edificios gubernamentales y cerró cinco estaciones de televisión por haber informado sobre las protestas.

El 23 de abril, un día después de que Ortega revocara la directiva, decenas de miles se unieron a una protesta en Managua iniciada por el COSEP, la principal organización de empresarios capitalistas, que pedía el fin de la violencia y el inicio de un “diálogo”. Esta vez, los policías y los matones se mantuvieron alejados. El gobierno ha aceptado el diálogo.

Decenas de tiendas y centros comerciales —incluidos doce de los 100 Walmart en Nicaragua— fueron saqueados durante las protestas. Ortega y la vicepresidenta Rosario Murillo, quien también es esposa de Ortega, aprovecharon el saqueo para alegar que los manifestantes estaban siendo manipulados por criminales y partidos políticos de oposición.

“Tenemos que restablecer el orden”, dijo Ortega. “Nosotros no podemos permitir que aquí se imponga el caos, el crimen, el saqueo”. Murillo culpó a los manifestantes por la violencia. “Alentar, estimular, provocar, alterar la tranquilidad”, dijo, “es un pecado”.

Ocaso de revolución nicaragüense
Ortega y Murillo dirigen el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN), pero el nombre es lo único que este partido tiene en común con la organización que dirigió a los trabajadores y campesinos de Nicaragua en julio de 1979 a la toma del poder tras derrocar a la dictadura de Anastasio Somoza.

Junto con la revolución en Granada a principios de ese año, Fidel Castro dijo en 1980 que ahora habían “tres gigantes que se levantan para defender su derecho a la independencia, a la soberanía y a la justicia, en las puertas mismas del imperialismo”.

Preocupados de que este ejemplo inspirara a otros en América Latina y el mundo, los gobernantes en Washington organizaron grupos contrarrevolucionarios que libraron una guerra de ocho años que dejó 30 mil muertos y saboteó el desarrollo económico.

El pueblo nicaragüense derrotó a los contras. Pero en lugar de usar esa victoria para organizar a los trabajadores y campesinos para avanzar, tomar más control de la producción y entregar más tierra a los campesinos, la dirección del FSLN rechazó el ejemplo de la Revolución Cubana. En lugar de profundizar la revolución, el FSLN abandonó su programa histórico. Ortega y los otros dirigentes transformaron la organización en un partido electoral burgués, cada vez más divorciado de los intereses de los trabajadores y los agricultores.

Esta trayectoria llevó a que el partido perdiera las elecciones presidenciales de 1990 a Violeta Chamorro, un reconocimiento de que la revolución ya no existía.

Ortega hace alianza con capitalistas
Ortega ganó las elecciones presidenciales en 2006, pero no en base a un programa para promover los intereses del pueblo trabajador. Luego forjó una alianza con el COSEP y con la jerarquía de la Iglesia Católica, los cuales se habían opuesto a cada paso de la revolución sandinista tras el derrocamiento de Somoza.

Ortega fue reelecto en 2011 y nuevamente en 2016, esta vez con Murillo como vicepresidenta.

El ataque contra el Seguro Social fue propuesto inicialmente por el Fondo Monetario Internacional, el cual ha colaborado con el gobierno de Ortega durante años a favor de los capitalistas locales y extranjeros. El gobierno también aumentó recientemente los impuestos a las ventas y recortó los subsidios a la electricidad.

Los ataques a los manifestantes por parte de la policía y partidarios del FSLN encendieron la ira latente contra las políticas gubernamentales favorables para los patrones a expensas de la clase trabajadora, contra los intentos de censurar a la prensa y las redes sociales y la corrupción generalizada.

“El cambio en el seguro social fue la gota que derramó el vaso”, dijo por teléfono al Militante Javier Calero, un técnico en software en Managua, el 27 de abril. “Cada mes los precios suben 5 o 10 por ciento, pero el salario queda igual”.

Portando banderas de Nicaragua y carteles hechos a mano contra el ataque al Seguro Social, los manifestantes cantaron el himno nacional y gritaron “Patria libre o morir”, un lema popular durante la revolución.

“El gran problema aquí es que toda la clase política está desprestigiada”, dijo Calero. “No hay un solo partido político que tenga la confianza del pueblo”.

El recién formado Movimiento Estudiantil 19 de Abril ha exigido el despido de todos los comisionados de la policía responsables de los ataques contra las manifestaciones, respeto a la libertad de expresión, reformas electorales y elecciones anticipadas y un “estado de derecho”.  
 
 
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