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Vol. 82/No. 20       21 de mayo de 2018

 
(portada)

Corea: pláticas plantean desnuclearizar la península

 
POR TERRY EVANS
Kim Jong Un, dirigente de la República Popular Democrática de Corea, se reunió con el presidente surcoreano Moon Jae-in el 27 de abril, la primera cumbre entre dirigentes de los dos países desde 2007.

Es un paso más hacia la reunión entre Kim y el presidente Donald Trump, fijada tentativamente para finales de mayo. Medidas hacia la desnuclearización de la península coreana están sobre la mesa. Al mismo tiempo, los gobernantes norteamericanos siguen aplicando sanciones económicas que afectan más severamente a los trabajadores en Corea del Norte.

Los dos dirigentes coreanos se reunieron en Panmunjom, en la “zona desmilitarizada” que separa a los dos países, una frontera impuesta por Washington, con la complicidad de Moscú, cuando dividieron el país en 1945. Kim y Moon acordaron instar a Beijing y Washington a llegar a un tratado que finalmente declare el fin de la guerra de Corea librada de 1950 a 1953.

En 1949 los gobernantes imperialistas norteamericanos aplastaron una rebelión de trabajadores y campesinos en la parte sur del país e impusieron una dictadura lacaya a Washington. Invadieron el norte, buscando restaurar el gobierno de los capitalistas y los terratenientes. Un levantamiento popular se extendió por el norte y estableció un gobierno de trabajadores y agricultores. Alrededor de 4 millones de personas perecieron en la guerra.

Los gobernantes norteamericanos no lograron sus objetivos. Las fuerzas de Corea del Norte, ayudadas por voluntarios chinos, repelieron al ejército invasor al paralelo 38. Desde entonces, todas las administraciones norteamericanas se han negado a firmar un tratado de paz.

Kim y Moon también acordaron restablecer los programas de reunificación de familias que viven en diferentes lados de la frontera. El gobierno de Corea del Sur dice que 57 920 personas que viven en el sur tienen parientes en el norte sin forma de verlos.

En su declaración conjunta ambos jefes de gobierno repiten lo que han dicho durante décadas: que están a favor de la desnuclearización de la península. Los gobernantes capitalistas del sur colocan al país bajo el “paraguas nuclear” de Washington, que despliega submarinos con armas nucleares en aguas cercanas para defender sus intereses imperialistas. Washington también cuenta con 28 500 soldados en Corea del Sur y mantuvo armas nucleares allí hasta 1991.

El desarrollo de armas nucleares por parte del gobierno de Corea del Norte y sus amenazas de destruir Seúl en un “mar de fuego”, han debilitado su capacidad para ganar el apoyo del pueblo trabajador de Corea del Sur, Japón y otros lugares ante los ataques de Washington.

Después de la cumbre, funcionarios surcoreanos informaron que Kim dijo que el Norte abandonaría sus armas nucleares si Washington se comprometía a no invadir. El secretario de estado Mike Pompeo reiteró el 29 de abril la demanda de los gobernantes estadounidenses de un final inmediato, verificable e “irreversible” al programa de armas nucleares de Corea del Norte, aunque no dijo nada sobre el enorme arsenal nuclear de Washington.

Un mensaje emitido el 13 de abril por el Partido Socialista de los Trabajadores firmado por Steve Clark a la RPDC, celebra los “recientes pasos que han abierto el camino para que Seúl, Beijing y Washington acuerden sentarse a dialogar con la RPDC”. El PST exige que el gobierno de Estados Unidos “firme un tratado de paz que ponga fin a la guerra asesina que los gobernantes imperialistas estadounidenses sometieron al pueblo coreano” y saque sus “tropas, barcos, aviones y sistemas de misiles y radares de Corea. ¡Por una península coreana, Japón y cielos y aguas circundantes libres de armas nucleares!”

Sanciones castigo a trabajadores
La declaración conjunta de la cumbre de Kim y Moon no mencionó el impacto sobre el pueblo trabajador de las sanciones impuestas a Corea del Norte por los gobernantes de Estados Unidos y sus aliados en Naciones Unidas durante años. La combinación de sanciones cada vez más estrictas y la decisión de los gobernantes chinos de intensificar su aplicación de estas medidas punitivas, ha aumentado las privaciones que enfrenta el pueblo trabajador en la RPDC.

La declaración insta a tomar “pasos hacia la conexión y la modernización de los ferrocarriles y las carreteras… entre Seúl y Sinuiju”, una ciudad localizada en la frontera de Corea del Norte con China.

El 21 de abril Kim anunció que su gobierno estaba cambiando su estrategia de lograr simultáneamente armas nucleares y el crecimiento económico, para concentrarse únicamente en el desarrollo de la economía del país.

La prensa liberal en Estados Unidos —cuyos deseos de destituir al presidente Trump determinan toda su “información”— primero pintaron el curso de la administración hacia Corea del Norte como belicoso. Ahora dicen que es peligrosamente ingenuo. Nicholas Eberstadt argumentó en el New York Times que el gobierno estadounidense está siendo engañado por lo que él llama “el complot de la falsa paz” de Pyongyang. Para reforzar su aserción, Eberstadt representa falsamente al gobierno de Corea del Norte, no a Washington, como el agresor en la guerra de 1950–53.

Cegados por su furor contra Trump y los millones de trabajadores que votaron por él, estos magnates de la prensa no pueden aceptar que su administración esté ganando apoyo como un presidente de paz.

La disminución de las tensiones bélicas en la región y el fin de las sanciones crearían mejores condiciones para avanzar en las luchas del pueblo trabajador en la región. Y avanzar los esfuerzos para reunificar el país.  
 
 
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